¿Tu perro tiembla ante el más mínimo ruido, ladra en cuanto cruzas la puerta o destroza el sofá cuando no estás? Es posible que sufra ansiedad. La ansiedad en los perros puede ser un auténtico calvario, tanto para él como para ti. Mama te lo explica todo: cómo reconocer los signos de estrés en tu perro, de dónde provienen y cuáles son las medidas adecuadas para ayudarle.
¿Qué es la ansiedad en los perros?
La ansiedad en los animales, al igual que en las personas, se desencadena por la anticipación de un peligro real o imaginario. Puede ser pasajera o prolongarse en el tiempo. Hay varias razones que pueden provocar ansiedad en el perro:
- Los ruidos fuertes (tormentas, fuegos artificiales, obras);
- Los encuentros con desconocidos;
- Un acontecimiento significativo (un viaje, una separación, un abandono);
- Un cambio de entorno (mudanza, nuevos horarios);
- Situaciones estresantes (visita al veterinario, malos tratos sufridos en el pasado);
- Una nueva presencia en casa (un bebé, otro animal);
- O el miedo exagerado a separarse de su dueño.
Cuando el cuerpo entra en estado de alerta, produce hormonas relacionadas con el estrés, como la adrenalina y el cortisol. El corazón se acelera y, a continuación, la ansiedad se manifiesta de forma diferente en cada perro.
Las señales que deben ponerte en alerta
A veces, estos trastornos dificultan la convivencia. La ansiedad de tu pareja puede manifestarse a través de diferentes signos:
- Comportamientos defensivos: inmovilidad, evasión, huida y, en ocasiones, agresión;
- Ladridos o aullidos incesantes, sobre todo cuando está solo;
- Jadeos, salivación abundante, temblores, postura agachada, orejas echadas hacia atrás, bostezos, lamidos intensos;
- Vigilancia constante: sobresaltos, incapacidad para relajarse, sueño agitado;
- Idas y venidas sin fin por la casa;
- Alteraciones del apetito;
- Hace pis o caca en casa a pesar de que ya sabe ir al baño;
- Destrucción de objetos, sobre todo cerca de puertas y ventanas;
- Vómitos o diarrea.
Una pista muy útil: si estos comportamientos solo se manifiestan cuando no estás, suele tratarsede ansiedad por separación. Es uno de los trastornos más frecuentes, sobre todo en perros adoptados en un refugio o tras un gran cambio en su vida.
Consejos útiles para calmar a tu perro
Buenas noticias: hay muchos gestos sencillos que pueden ayudar a un perro ansioso a recuperar la calma. Mama te cuenta cuáles son los más eficaces.
- Nunca lo castigues. Un perro ansioso no hace travesuras por venganza: solo está expresando su angustia. Regañarlo solo sirve para aumentar su miedo.
- Mantén una rutina estable. Los horarios fijos para salir, jugar y dormir le dan seguridad.
- Haz que se desahogue bien. Un buen paseo, juegos de búsqueda o juguetes con los que entretenerse antes de que te vayas le ayudan a tranquilizarse.
- Prepárale un rincón tranquilo, solo para él, con su cesta y una manta que huela a ti.
- No le des tanta importancia a las salidas y las llegadas. Nada de despedidas grandilocuentes ni reencuentros exagerados: mantén la calma y espera a que se relaje para saludarle.
- Acostúmbrale poco a poco a estar solo, con ausencias muy breves que irás alargando gradualmente a lo largo de las semanas.
- Apuesta por la educación positiva: recompensa la tranquilidad con una caricia o un juego, en lugar de reaccionar ante el nerviosismo.
Ante los ruidos que le dan miedo, como las tormentas o los fuegos artificiales, cierra las contraventanas, pon música suave de fondo y déjale refugiarse donde se sienta seguro, sin obligarle a salir.
¿Cuándo hay que acudir al veterinario?
Algunos síntomas de ansiedad pueden ocultar un problema de salud: un dolor, una infección urinaria, un trastorno hormonal… Por eso, el primer paso es siempre acudir al veterinario, sobre todo si el comportamiento de tu perro cambia de repente.
Si la ansiedad es intensa o se prolonga en el tiempo, tu veterinario podrá derivarte a un veterinario especialista en comportamiento o a un adiestrador canino formado en el manejo del miedo. Juntos, diseñarán un programa adaptado a tu perro. En los casos graves, es el veterinario, y solo él, quien decide sobre un posible tratamiento.
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